jueves, 27 de septiembre de 2012

"SIEMPRE SERÁ MAÑANA" DE Eugenio Arce


MÁS ALLÁ

Un nuevo poemario de Eugenio Arce Lérida ha visto la luz más allá de nuestras fronteras, en el entrañable refugio mejicano que tanto supo de acogida en tiempos difíciles. Ahora, la Casa Maya de la Poesía, en su colección Rosa Náutica, y con el número 84, ha publicado “Siempre será mañana”. Treinta y ocho poemas agrupados en epígrafes diferenciados: “Un grito en la niebla” y “Los espejos vulnerados”.
En el Prólogo o “Meditaciones previas”, Brígido Redondo nos habla de la necesidad de la palabra como justificante de la existencia, como razón del conocimiento y memoria de lo vivido, también anuncio de lo que habrá de llegar.
Ya en los versos de Eugenio encontramos referencias concretas: “Venero la palabra/ como un vestigio mágico/ que al hombre le fue dado por los dioses.”, y el uso que busca de ellas: “yo me esfuerzo en limar ciertas palabras/ hasta conseguir un canto a la vida.”, conjugando la necesidad de olvidar: “Escribo sobre arena,/ …/ y olvido los caminos del naufragio” y el conjuro: “¡Tiempo habrá de buscar/ una hoguera en la noche/ que me ayude a espantar mis alimañas!”. Sin embargo, la vida y la conciencia de ella se imponen, y así lo refleja cuando nos dice que vivir es luchar, que “no siempre uno es dueño/ de sus contradicciones”, remitiendo al último e íntimo reducto como referente que nos define.
Es la esperanza la alusión permanente y razón de una existencia dedicada a la búsqueda de ese mañana posible a pesar de lo efímero, las contradicciones, los miedos, las limitaciones…
El poeta se “siente parte del viento que eleva/ el polvo y las pasiones,/ del rayo que ilumina nuestros miedos”, o árbol multiforme que hunde sus raíces en distintos “abrevaderos” para poder nutrirse y tiende sus ramas para llegar hasta la luz, antídoto contra la oscuridad, el desaliento...
Empieza la segunda parte con una declaración de intenciones por contraste: “Hay quien desea ser/ feliz en el enjambre”. Se afirma contra el ajunte de cuentas y la derrota a fin de poder soportar la tentación del abandono. Elige la insurgencia reivindicando el derecho a mantener la mirada limpia. Y a pesar de la aparente rendición que lleva al desánimo, a preferir la ignorancia por lo imposible del entendimiento, a elegir la callada ofrenda, el poeta aspira a la verdad no impuesta, no fanática, aquella que decanta el tiempo. Vuelve a aparecer la esperanza como último deseo que nos salve de la soledad, el sinsentido, el desamor…, y nos haga pisar tierra firme en donde la paz sea algo más que una utopía inalcanzable.
“Siempre será mañana” nos recuerda que si el pasado condiciona, sólo el presente hará concreto el futuro posible.

                                                             Esteban Rodríguez Ruiz